El color del silencio | Elia Barceló

“¿Por qué te empeñas en hurgar en el pasado, Helena? -se preguntó mirando su reflejo en el gran espejo del tocador-. A tu edad y con tu experiencia deberías saber que el pasado no se puede cambiar, que ni siquiera se puede comprender, que la mayor parte de las cosas que sucedieron se han desdibujado hasta el punto de que ni tú misma sabes si fueron como las recuerdas o si, con el tiempo y la narración, han ido cambiando sutilmente hasta acabar convertidas en otra cosa, en otra historia que es la que has elegido contar a base de omitir detalles, de resumir, de tratar de dar coherencia a lo que sucedió.”

“Los seres humanos tenemos la absurda necesidad, especialmente cuando se acerca el final, de encontrar la coherencia en nuestra vida, de comprender la lógica de nuestras acciones, de cerrar círculos.”

“Necesito soledad. Lo que vale la pena surge de la soledad, crece en la soledad, hasta que lo das a luz. Estando entre gente no se puede crear.”

“Con alguien que no sabe es más fácil. La única versión que vale es la que tú misma das. No se puede contrastar con la de otro. Y cuando todos han muerto, la historia es solo tuya. Narrar recuerdos, cuando no hay más que un narrador, es escribir ficción. El pasado se inventa, tú lo sabes.”

“Lo único que no había cambiado era que las mujeres seguían ganando menos por el mismo trabajo, que tenían que luchar como leonas para conseguir puestos de responsabilidad, que siempre eran miradas con prevención o con condescendencia, o con puro y simple miedo cuando eran tan duras como la mayor parte de los hombres y no temían enfrentarse a lo que fuera. En eso todo seguía igual.”

“Lo natural, incluida la vida, siempre es menos dulce que lo artificial.”

“La verdad es que una nunca sabe lo que le espera y dónde va a encontrar lo que le está destinado.”

“Los muertos ya no pueden decepcionar a nadie. Los muertos se quedan para siempre congelados en sus virtudes, en los recuerdos más luminosos, mientras que los vivos cambian, evolucionan, toman decisiones, se separan, se alejan, te abandonan.”

“Nadie sabe nada de los demás, Almudena. Nada. Ni de lo que hacen ni mucho menos de lo que piensan, ni de lo que desean, ni de sus fantasías, ilusiones, fracasos… Cada ser humano es un espíritu enorme encerrado en un cuerpo muy pequeño que envejece muy deprisa, en un círculo familiar ridículo, en un círculo de amistades diminuto… y nadie sabe nada de nadie. Nadie. Sabe. Nada. De nadia. ¿Me oyes? Ni quiere saber. Porque saber duele. Duele y hace que se te caigan al suelo los altos castillos que habías fabricado al querer a alguien. Cuanto más sabes de alguien, menos puedes idealizarlo. Por eso uno decide que es mejor no saber, y así nos va. Desconocidos todos. Encerrados en nosotros mismos. Eternos solitarios.”

“Ahora entiendo que diga que ella prefiere sus personajes a sus amigos: los conoce mejor, sabe cuando dicen la verdad y cuándo mienten, conoce sus secretos… Las personas son una fuente constante de decepciones.”

“Cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.”

“Había leído una vez que cuando de verdad no sabes qué hacer, debes tirar una moneda al aire. No para que decida por ti, sino porque, en el mismo momento de lanzarla, sabes de golpe con toda claridad lo que no quieres que salga.”

“Todo el mundo supone que es el único que tiene secretos, que los demás son almas cándidas, seres sencillos que viven solo en la superficie mientras que uno es el único capaz de doblez, de profundidades que tiene que esconder de los que le rodean.”

“El pasado es fundamental para poder entender y aceptar el presente.”

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